La incertidumbre financiera, el temor al estigma social y la presión de los acreedores suelen generar altos niveles de estrés, ansiedad e incluso depresión en quienes lo atraviesan.
Los planes de reestructuración son un instrumento que sustituye a los acuerdos de refinanciación homologados y a los acuerdos extrajudiciales de pagos.